TRANSEUNTES

PRIMER GESTO DE AZAR
Antecedentes del Proyecto

En el año 2003 en una conversación completamente ajena a cualquier preocupación académica o artística, se mencionó la existencia de un archivo fotográfico muy particular: no de un personaje reconocido o patrimonial, ni de un período histórico relevante, sino de un tipo de fotografía ya en desuso, más cercana al comercio que al arte.

El relato era esclarecedor y por lo visto había ocurrido varios años atrás: un carretillero, de los que obtienen su sustento del reciclaje de desechos y basuras, ofreció para la venta a un comprador accidental, un material que no parecía tener mucho valor. En principio el comprador se interesó porque se trataba de una serie de latas de película fotográfica o cinematográfica. No obstante, al momento de tomar una de estas latas en sus manos por el peso se dio cuenta que contenían algo, probablemente película. La intriga era suficiente para aumentar el interés. Pero tal como aconsejan los “manuales” para estos casos, el comprador mantuvo su posición y con desdén hizo la mínima oferta. Luego del regateo de rigor, el carretillero vendió, por el valor de las latas, un material que se había encontrado en la calle y el comprador obtuvo unas baratijas que, en el peor de los casos, podían ser usados como objetos decorativos. Tanto el reciclador como el comprador se fueron seguros de haber hecho un buen negocio.
La gran sorpresa fue cuando el comprador abrió una de las latas. Se dio cuenta que contenían de manera desordenada una serie de negativos ya expuestos y que las imágenes parecían corresponder a algún tipo de producto comercial: imágenes muy semejantes a las que aparecían en los álbumes domésticos.

En aquel momento de la conversación, aunque procuramos un encuentro para echarle un ojo a los negativos, no fue posible revisar el material y la historia no pasó de quedarse como tal.

Pasaron casi 2 años en los que siempre rondó la idea de hacer algo con ese conjunto de imágenes. No se tenía muy claro el qué, en todo caso tendría que dar cuenta del valor nostálgico y patrimonial de dicho material. La ocasión se presentó con la convocatoria de las becas de creación de la Alcaldía de Medellín. Junto con el artista Diego Arango se hizo la recuperación del archivo y se planteó una propuesta de creación que se tituló con el genérico: Proyecto Transeúntes. En ese momento no lo sabíamos, pero dicho trabajo se convertiría en la primera etapa de un proceso de investigación-creación que sigue vigente hasta la fecha dado el volumen y el valor del material fotográfico encontrado.

En el año 2006, en la convocatoria de proyectos del Comité para el Desarrollo de la Investigación –CODI– de la Universidad de Antioquia, se presentó otra oportunidad para realizar una nueva propuesta, esta vez se hizo partiendo de la constitución de un grupo de investigación y la definición de una serie de roles operativos: Gabriel Mario Vélez como investigador principal, dos estudiantes (uno de la Facultad de Artes y otro de la Facultad de Comunicaciones), Diana Sánchez y Oscar Sánchez participan como investigadores en formación; finalmente los profesores Eduardo Domínguez y Viviana Garcés hacen las veces de asesores. Para este segundo momento se concibieron varias tareas, la primera y la más difícil, fue la de buscar y contactar a cuantos fotógrafos hubiesen participado del fenómeno –o por lo menos algunos de ellos–. Para la segunda, se emprendió una campaña de búsqueda de los personajes que aparecen registrados en el archivo. Con tal propósito se publicaron en la página web del proyecto un número aproximado de 1500 imágenes que se sumaron a las 1000 ya existentes. El diseño de la galería de fotos se realizó considerando el elemento fundamental con el cual inicio este texto: el azar. Un asunto que se hace explícito no sólo en los métodos de producción de las imágenes, sino también en la manera cómo se producen los acontecimientos que rodearon dicha producción, además de las muchas casualidades que se sumaron en todo lo relacionado con el descubrimiento del archivo.

Precisamente la localización de los fotógrafos ocurrió como producto de contactos fortuitos, pero que a la postre, nos condujeron a fuentes de inestimable valor para el desarrollo de la investigación. A partir de los testimonios dados por varios de estos personajes fue posible fijar algunas fechas, personajes y situaciones que intervinieron en este tipo de fotografía callejera y que trascendería a la historia con el nombre de fotocine o fotocinería.

Está claro que cuando tuvimos en nuestro poder este conjunto de imágenes llegadas del pasado, y que de un modo directo eran el reflejo de una época, formulamos un inventario de intenciones con distintos objetivos, casi todos en principio, relacionados con el volumen de información que podía ser extraída (antropológica, sociológica, etc). No obstante, rápidamente otra alternativa nos sedujo al punto de convertirse en el norte de la exploración. Un recorrido que nos sumergió en el laberinto de las emociones humanas desde una aproximación “a ras de suelo”, la misma que funciona como propósito fundamental: explorar los relatos contenidos en las imágenes desde la perspectiva de las historias mínimas. Esto es, teniendo en cuenta el tipo de imágenes del archivo, no tenía cabida la grandilocuencia propia de la Historia, la que se construye a través de los hechos remarcables, sino de las muchas historias –con minúscula– que tienen como protagonista a los sujetos anónimos que transitaron las calles de Medellín en una época específica y de una manera absolutamente aleatoria.